jueves, 20 de agosto de 2020

UNA CENA COMÚN Y CORRIENTE

 

Saludos mis muy estimados.

Para esta publicación he preparado una pequeña comedia de situación que escribí para el taller de teatro cuando tenía unos 17 años. Me he divertido recordando las escenas y los ensayos, pero lo que más me ha divertido, es recordar que alguna vez vivió en mi corazón un muchachito feliz que pensaba en irradiar esa alegría a quienes le rodeaban.

Brindo por ese muchacho, por la alegría y por la oportunidad que nos da la vida para seguir disfrutando del amor de quienes han cruzado los hilos de sus vidas con el mío y aún me siguen acompañando...

¡Salud!


Una cena común y corriente...
Por: Luis Alfonso Osorno Montes (20 de agosto de 2020)


Personajes:

Narrador - Voz grave y refinada

Rodrigo Arnulfo - Joven despreocupado y ladino. Se presenta vestido a la moda y casual.

María - Señorita bonita y celosa. Se presenta vestida elegante.

Mesera 1 - Cortés y coqueta. 

Mesera 2 - Habla con acento cantado. 

Escenario:

"Les Bords de Seine", un elegante lugar llamado así en honor a la vita que el Río Sena ofrece a la romántica ciudad de París en Francia. Con el sabor de la comida gala tradicional, cada bocado es un homenaje a la cocina casera de Francia, en medio de ese restaurante con decorados ambiciosos, lujosos y llenos de elegancia desde la taza de café en una buena expresión del estilo art déco.


Argumento:


Personaje

Acotación

Dialogo

Narrador

(María ingresa al restaurante)

En un atardecer que teñía el cielo con singulares tonos sepias. Para concluir con lo que fue un día común, en un lugar común. Donde todo aquel que vive una vida común, podría asistir a tomar una cena... común... si, así es... una cena común.

Mesera 1

(Se aproxima a María con una sonrisa)

Buenas noches. ¿Viene sola?

María

(Fija su mirada en la mesera)


Mesera 1

(Escudriñando en el rostro de María)

¿Se siente bien?

María


Este... si... sólo me preguntaba... ¿dónde compró su collar?, esta divino.

Mesera 1


(Entra Rodrigo)

¡Ay, gracias!, pero es sanjuanero.

María

(Extiende la mano para llamar a Rodrigo)

No es sanjuanero, muchacha... Es Rodrigo Arnulfo, mi novio.

Mesera 1

(Coqueta con Rodrigo. Después fija su mirada en María)

¿Mesa para dos?

María


Por favor


(La mesera los guía a su mesa, un lugar aislado con luz tenue)


Mesera 1

(Muestra el menú)

En un momento tomo su orden.

María

(En dos tiempos. Primero sonriente. Después pellizca a Rodrigo en el hombro)

Gracias... ¿Cómo te atreves?

Rodrigo


¡Auch!... ¿Y eso porqué? ¿Yo qué...? amorcito... ¿Qué hice?

María


No te hagas al inocente Rodrigo Arnulfo. Ya te vi coqueteando con la mesera.

Rodrigo


Ahí va mi nombre completo... Pero oye, ¿qué? ¿yo?... Ma-Ma-María mira...

María

(Más enérgica. le pellizca la pierna)

Mira qué... mira qué... tú... so... ¡Rodrigo Arnulfo!

Rodrigo

(Hincando una rodilla)

Mi vida, cásate conmigo

María


P-pero... ¡Ay, mi vida!... mi amor... ¡mi amor, mi cielo! Tenías pensado proponerme matrimonio y yo acusándote así. Me siento mal. ¿Me disculpas?

Rodrigo

(Observa a la mesera. Repentinamente cambia su mirada hacia María)

Así es, mi vida... Tú siempre acusándome. Debería darte vergüenza. Soy tan bueno.

María


¡Ay no!, por favor... No arruinemos el momento, los dos sabemos cómo eres y cómo te las gastas.

Rodrigo


¿Qué? ¿Yo? ¿Por qué?

María


¿Y todavía preguntas? Descarado, cínico y cochinón. ¿Qué me dices de lo que pasó con tu secretaria?

Rodrigo


Bueno, eso fue un desliz.

María


¿Y la vecina?

Rodrigo


¡Oh, bueno!, es que ella estaba sola, yo estaba solo y... ¿qué te digo? Paso sin pensarlo.

María


¡Ay, si!... ¿Y mi prima?

Rodrigo


Es que se parecen tanto, que la confundí contigo.

María


¿Y?...

Rodrigo


Y me ibas a decir si te casas conmigo.

María


¡Ay claro que sí! Mi amor.


(La mesera entra con los canapés. De pronto, tropieza y tira la salsa sobre el muchacho. Abrumada hace lo posible por limpiarlo y entre el alboroto le deja una nota en las piernas)


María


¿Ya vio lo que hizo? ¡Ay! ¡Vaya rápido por algo para limpiar, por favor!. Ándele, muévase.

Y tú, ¿vez lo que ocasionas con tus coqueteos?

Rodrigo

(Tomando la nota)

María, fue un accidente.

María


Accidente mis...

Rodrigo

(Haciendo cariños a María)

Tus qué... mi vida. Tú siempre tan celosa. Ándele, una sonrisita, una sonrisita.

María

(Sonríe)

Ya pues, pero que no se te olvide que estoy enojada contigo.


(La mesera regresa para limpiar y pedir la orden. Rodrigo pide una botella del mejor vino para celebrar y varios platos muy costosos. La mesera se retira, mientras la pareja continúa haciendo sus planes para la boda. Casi al termino de la cena Rodrigo Se levanta para ir al baño y deja sola a María)

María

(Buscando)

Mesera...

Mesera 2


Dígame...

María


¿No ha visto al hombre que hace unos momentos estaba sentado conmigo?

Mesera 2


¿Un muchacho de buen ver, muy simpático que se llama Rodrigo?

María

(Escudriñando en el rostro de la mesera)

Si... ese.

Mesera 2


Pues hace tiempo que salió con una de mis compañeras, dijo que Usted pagaría la cuenta.

María

(Intenta abandonar la mesa)

¡Uy, ese condenado!...

Mesera 2

(Deteniéndola)

¿Adónde, adónde?... pague primero.

María

(Observando la mesa llena de platos)

¿Qué? Pero esto es demasiado

Mesera 2

(Insinuando que María  comió todo)

Es lo mismo que dije yo. Fue demasiado. ¿No cree? A veces nos pasamos un poquito... ¡Pero ándele!... ¡pague o lave platos!.

Narrador

(María busca dinero en su bolso. Paulatinamente levanta su mirada para ver al narrador con expresión molesta. Finalmente le arroja algunos platos y cosas que se encuentran en la mesa)

Hay situaciones en la vida de cada ser humano. Situaciones que repiten el pasado y en raras ocasiones, situaciones que revelan el futuro. Situaciones que nos hacen sentir que una cena común, posiblemente no será tan común; pero esas situaciones solo pueden descubrirse si prestas atención a la mesera desconocida... tiri, riri, tiri,riri, tiri, riri...


FIN

jueves, 6 de agosto de 2020

EL NIÑO Y SU ÁRBOL

PRELIMINAR
Para esta publicación quería compartir un cuento largo que escribí en mi época de universitario. No obstante, al buscar entre mis notas encontré este cuento que escribí apenas unos días después del nacimiento de mi hijo mayor. En aquellos días, llenos de alegría, mi madre me ofreció algunos consejos y entre ellos recalcó la importancia de mantener el contacto y la comunicación con los hijos. De ahí se me ocurrió este cuento que con mucho gusto les comparto ahora, un cuento que siempre ha estado, y estará, dedicado a mi hijo y a mi amada esposa.

Espero que Dios me conduzca por el mejor camino para cuidarlos, acompañarlos y devolvérselos con bien cuando decida que ha llegado el momento de dejar de prestármelos. Deseos que extiendo, por supuesto, a mis otros dos pequeños.



EL NIÑO Y SU ÁRBOL
Por: Luis Alfonso Osorno Montes, 6 de agosto de 2020


Hubo una vez un niño, que con ilusión se hizo a la tarea de cuidar un árbol.

Con ese compromiso salía cada vez que podía con una cucharita de agua para regarla sobre la tierra que rodeaba al retoño.

Su mamá al observarlo le dijo: Querido, toma una jícara grande para regarlo una sola vez. Una cucharada de agua no es nada para un árbol.

A lo que el niño replicó: Tomar una jícara grande y verlo una vez al día sería como si tú me alimentaras y me vieras igual, sólo una vez al día.

Entonces la mamá, comprendiendo a que se refería su hijo, le comprendió y le permitió apreciar aquel árbol tanto y como él quisiera.

Con el tiempo, a partir de aquellas cucharadas insignificantes, el árbol creció grande y frondoso y el niño y su madre disfrutaron por incontables días de su fresca sombra.






viernes, 17 de julio de 2020

PRECIPITADOS HACIA EL CAMBIO DE PARADIGMAS

PREÁMBULO

En esta publicación es mi deseo hablar de un tema que me apasiona, la educación. La reflexión surge desde hace unos días, cuando empecé a apreciar el WiFi como una necesidad básica para participar en la sociedad. Parece extraordinariamente paradójico que durante las clases presenciales los docentes nos esforzamos por controlar el uso del celular durante las sesiones con la expresión: "no toma la clase quien tenga encendido su celular"; mas en estos momentos la situación nos lleva a afirmar: "no toma la clase quien NO tenga encendido su celular".
De tal manera que el mundo se enfrentará, en lo próximo, a severos cambios en lo que se refiere a la participación cultural debido a la participación de la tecnología.


PRECIPITADOS HACIA EL CAMBIO DE PARADIGMAS
Por: Luis Alfonso Osorno Montes, 17 de julio de 2020

Desde la segunda mitad del Siglo XX, la humanidad ha evolucionado significativamente con la aparición de la electrónica y los microcomponentes que además de haber contribuido a introducir en nuestros hogares diversos dispositivos como computadoras y televisores, se han acomodado en el centro de cambios culturales realmente significativos a poco más de medio siglo de su incorporación en nuestra vida cotidiana.

Las nuevas tecnologías han transformado nuestra cultura con la aparición de las Redes Sociales como los principales medios de divulgación de información, verás y no verás, a nivel mundial e instantáneamente. Las TIC han derribado las fronteras y han originado nuevas profesiones para trabajo desde casa, denominadas freelance (escritores, community manager, desarrollador web, etc.). Este tipo de transformaciones sociales han producido una realidad social en constante transformación, altamente flexible, con elevada demanda tecnológica y una particular forma de comunicar, aprender y vivir las experiencias y relaciones entre las generaciones más jóvenes.
De tal modo que los sistemas educativos no pueden mantenerse impávidos y deben afrontar los nuevos retos que esta realidad le presenta. Especialmente porque aún existe un sector altamente representativo de modelos educativos que aún funcionan con estructuras de hace más medio siglo; lo que empieza a ser evidente en los resultados de generaciones que no ven satisfechas sus demandas, ni son capaces de responder a las exigencias de un mercado laboral abierto, más competido y que exige paciencia para conquistar el éxito.

A partir de ahí las comunidades de aprendizaje en las universidades deben promover:
  • El aprendizaje autodidacta, en el que la mediación de un tutor, debe respetar las características individuales y permitir que cada estudiante se haga cargo de sus propios aprendizajes. Aportando en el desarrollo de la capacidad para seleccionar fuentes, debido a que los jóvenes de ahora no asisten a las bibliotecas para aprender, sino que “googlean” los términos, buscan “youtubers”, videos tutoriales o blogs confiables; lo que les lleva a prender por su cuenta a través de su conectividad por el internet.
  • La inclusión en ambientes digitales, en los que el aula se incorpore a la realidad que viven los docentes y los estudiantes a través de los smartphones que han venido a cambiar el paradigma y nuestras prácticas culturales; propiciando la conectividad todo el tiempo y el acceso a los medios digitales cada vez más imprescindibles. De tal modo que el ambiente de aprendizaje debe trascender a las cuatro paredes de un aula, para impartir educación de calidad y en consideración a la realidad actual de contenidos permanecen accesibles en cualquier hora, día y lugar.
  • La gamificación, para aprovechar los atractivos videojuegos con finalidad de reducir el “tedio educativo”. Los juegos más creativos desarrollan habilidades al proponer diversos caminos para resolver problemas, recrear y construir procesos del mundo real en un ambiente virtual.
En síntesis, ante las características de las nuevas generaciones, los sistemas educativos deben persistir en introducir las TICs con el objetivo de ofrecer contenidos actualizados y adaptarse a las características y necesidades de los estudiantes para colocarlo al centro del proceso educativo y conseguir su participación activa en la construcción de sus conocimientos.

jueves, 9 de julio de 2020

EL HOMBRE QUE ADIVINABA LA HORA

Saludos, la historia de hoy tiene una chispa extraordinaria. Me la contó una persona cercana en una sobremesa, acompañados por una pieza de pan y una taza de café. Al parecer se trata de una leyenda local respecto a lo que ocurrió en alguna ocasión en un pueblo encantador, muy bonito, con su parroquia y jardines llenos de luces hermosas desde el ocaso, inmersos en un ambiente que cautiva con su construcción colonial. Me refiero a Lagos de Moreno.

El Hombre que Adivinaba la Hora

Había una vez un establecimiento donde se vendían abarrotes a la sazón de la alegría y felicidad del hombre atendía a la clientela en aquel rústico poblado. Ese sujeto con chispa, que imagino algo rollizo y de edad avanzada, vestido con pantalones de mezclilla y guayaberas, gustaba de conversar con sus clientes y ofrecer a quien lo solicitase, la mayor de sus gracias… calcular la hora con absoluta precisión.

Ciertamente, este hombre tenía esa peculiaridad y se había convertido en un espectáculo. Si alguien le preguntaba la hora, el empezaba a levantar las manos, mover la cabeza, gesticular con los ojos y murmurar números. Tras unos segundos, estaba seguro y decía la hora exacta. Mas esta gracia no era como cuando estimamos la hora a partir de la posición del sol, la posición de las sombras o el recuento de las cosas que hicimos desde la última vez que vimos el reloj; se trataba de una declaración exacta, en horas y minutos, del momento en que le preguntaban y no fallaba.

La trascendencia del acto era tal que el hombre era conocido en todo el pueblo y era sujeto de varias teorías que la gente discutía en sus fiestas, charlas de café o reflexiones de borracheras, para explicar el truco. Los había desde quienes afirmaban que veía la hora a cada instante y que era bueno para contar los minutos; hasta los que afirmaban que había hecho algún pacto con el diablo y que los ademanes con sus brazos los hacía para invocar el poder de la brujería.

Un día, llevado por los rumores, llegó a la tienda un hombre que transpiraba curiosidad. Pasó a la tienda, seleccionó lo que iba a llevar y antes de salir se plantó delante del tendero y preguntó con voz serena; pues le inspiraba respeto aquel tendero:

–Disculpe, ¿qué hora es?

Al momento el tendero empezó su acostumbrado ritual, levantó sus manos a la altura de sus ojos, como si quisiera observar a lo lejos y después de unos segundo contestó con la hora exacta… y como de costumbre… no falló.

El visitante sacó de su bolsillo el reloj que llevaba y pudo confirmar por si mismo la exactitud del acto.

–Pero vaya, hombre, es cierto lo que dicen de Usted. Si es capaz de decir la hora exacta.

–Usted también podría si quisiera –replicó el tendero.

–Ja, ja… –rió el extranjero– no creo que con esa precisión. ¿Cómo es que lo hace Usted?
Al momento el tendero sonrió y le señaló a lo lejos, entre los árboles y más allá de algunas casas, un pequeño hueco en el paisaje que le permitía ver la torre del reloj de la parroquia.

–Pero vaya cosa… –expresó el visitante algo perplejo– así que así lo hace, ¿porqué nunca le ha dicho a nadie? ¿No sabe lo que la gente dice de Usted?

–Je, je, je... No me interesa mucho lo que dice la gente –replicó el tendero mientras continuaba acomodando sus abarrotes– y nunca antes nadie me había preguntado. Si me hubieran preguntado, yo les hubiera dicho.

Tras esto, el extranjero y el tendero sostuvieron una larga charla, sentados en dos tronquitos que el tendero tenía afuera de su establecimiento. Desde ahí observaron el ir y venir de la gente por la calle adoquinada, comentaron acerca de los lugares que valía la pena visitar, de las hermosas costumbres de la gente de aquel lugar y dicen… que a partir de ahí, continuaron hablándose como buenos amigos.