Ahora que estamos próximos al día del padre, es mi deseo hacer remembranza de algunas de las experiencias que aún recuerdo de mi padre, y otras tantas que tengo presentes de mi madre; quien por muchos años, fue como mi padre.
Quienes los conocieron podrían confirmar que Dios me permitió nacer en el seno de una familia encabezada por unos padres excepcionales. Recuerdo que mi padre, quien fue un verdadero ejemplo de trabajo y dedicación, nos llevaba de aventura a campamentos, pueblos mágicos y lugares históricos. También hacía reparaciones en casa y a los autos, amaba la tecnología, observaba las estrellas y en su tiempo libre impartía clases de Karate. Nosotros, como abejas revoloteando al rededor de su panal, lo acompañábamos a cada momento cuando estaba en casa y él solía decirnos que de los padres se recibía educación, casa y comodidades; de Dios la oportunidad de encontrarnos con la esposa inteligente; y que de nosotros dependía hacernos merecedores de conservar todos esos dones.
Por su parte, cuando mi padre faltó, mi madre no aflojó el paso en este tipo de lecciones, acostumbraba decirnos que del hombre se espera lealtad y que más vale avanzar lento, que ser tramposo.
De ellos aprendí que el hombre debe actuar con lealtad, sinceridad y amor, para no tener que venderse a sí mismo un montón de mentiras para tranquilizar su corazón y justificar abusos, excesos, burlas, injusticias e hipocresías.
De esta reflexión es de dónde rescato ahora un cuento que mi madre solía contar cada vez que se prestaba la conversación. Ya saben, ese tono de conversación que cuando estás joven esperas no tocar para evitar ese sermón, que ya grande, repetirás en tu mente una y otra vez, recreando la escena de tu madre bebiendo una taza de café en la cocina.
CAMINO AL POZO
Haydeé M. P. ("mucha pieza" - Ja, ja, ja... ¡pasan los años y sigo pensando que eras genial!)
Este era un hombre, que todas las mañanas, cuando su esposa lo mandaba por agua al pozo, tomaba dos cubetas agujeradas para recoger el agua. La gente con frecuencia se burlaba de él porque, gracias al agua que se escurría por los hoyos de las cubetas, realizaba dos o tres viajes para cumplir su mandado.
¡Oh!, ¿por qué hemos de ser tan ciegos los hombres? Nadie veía que el camino de su casa al pozo estaba cubierto de hermosas flores.
AMO A MIS PADRES Y DOY GRACIAS A DIOS POR EL TIEMPO QUE ME PERMITIÓ CONVIVIR CON ELLOS Y CONOCERLOS... ¡PRONTO NOS VEREMOS OTRA VEZ!



Hermosísimo, genial
ResponderBorrarHola Poncho! Cómo ves hasta hoy leí lo que escribiste,pues quise leerlo tranquilo en el día de descanso que tenemos tu tía y yo pues hoy descansan Rocío y Gustavo. Te quiero felicitar por lo emotivo del mensaje y más que me hiciste recordar a tus padres a los que admiré por la calidad de persona que fueron, debes de considerarte una persona afortunada y bendecida por Dios por haberte dado esa experiencia de vida y seguir con ese ejemplo como hasta ahora lo has hecho con esa bonita familia que Dios te dió. Te envío un fuerte abrazo fraternal.
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