PRELIMINAR
Saludos a todos.
La historia de hoy es otra de tantas de le escuché repetidamente a mi madre. Es un relato muy antiguo atribuido a Esopo, que podría considerarse como una gran invitación para desarrollar la fortaleza de espíritu.
Esopo (S.VI a.C.) fue un escritor griego, creador de uno de los más antiguos géneros de la literatura universal, la fábula. Las fábulas son un tipo de relato breve protagonizado por animales u objetos personificados. La fábula tiene la finalidad de servir a la educación mediante una moraleja que puede interpretarse al final.
(Más acerca de la vida de Esopo: https://www.biografiasyvidas.com/biografia/e/esopo.htm)
El Roble y el Junco
Por Esopo
Hace muchos años, crecieron juntos a la orilla del río un frondoso roble y un escuálido junco. Desde ahí compartían la vista, la brisa y la bondades de la naturaleza.
Por lo general pasaban los días conviviendo en armonía, pero también se escuchaba con frecuencia al roble menospreciar al junco:
- Yo soy grande, resistente y tengo poderosas ramas que brindan una fresca sombra. En cambio tú… ¡Qué pequeño e insignificante eres! Me pareces realmente digno de compasión. ¡El menor soplo de aire te tumba! En cambio, mis poderosas raíces son el mejor recurso contra el viento.
Al junco no le molestaban las palabras del roble, porque lo consideraba su amigo y le admiraba. No obstante, le entristecía la vanidad y le avergonzaba que pudiera tener razón; pues se veía a sí mismo con un aspecto débil e ignoraba que su flexibilidad era su principal fortaleza.
Una noche comenzaron a soplar los vientos con fuerza y cayó la tormenta. La fuerza del vendaval golpeaba todo a su paso. El roble se angustió al igual que el junco y al verle bailar con los ventarrones le ofreció toda la resistencia que pudo.
- No te preocupes junco, pronto todo pasará. Es mejor que te quedes en el suelo.
Fue lo último que el junco escuchó de su compañero. A la mañana siguiente, los primeros rayos del sol permitieron ver la terrible escena. El gran roble estaba destrozado, derribado, arrancado de raíz, con varias ramas rotas y deshojado. En cambio el junco se alzó sacudido y algo conmocionado, pero vivo. Vivo para descubrir a su lado el gran agujero, justo donde el roble se alzaba sobre sus raíces.



Exactamente, así justamente en algunos seres humanos es la vanidad y no ven que detrás de ellos se encuentra lo más valioso de la vida la verdadera amistad y humanidad.
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