domingo, 7 de noviembre de 2021

¿POR QUÉ EVALUAMOS? INVITACIÓN A UNA REFLEXIÓN CRÍTICA DE LA PRÁCTICA EDUCATIVA

 

Debido a una experiencia reciente, en la que pude apreciar el amor por el estudio, la necesidad de aprender y la búsqueda incansable de los estudiantes por conseguir una buena calificación, es que me he puesto a redactar esta publicación, que espero sea de su interés. Cabe aclarar que la experiencia la viví con estudiantes distintos, en tres instituciones distintas, por lo que podría afirmar que la visión que adquieren los estudiantes de la evaluación depende directamente del sistema. Pero esto, claro, sería tema de otro estudio. Por lo pronto, puedo emitir mi más profunda felicitación a aquellas instituciones en las que se preocupan por transmitir a sus estudiantes el gusto por aprender, la necesidad de desarrollarse y el deseo por aplicar lo aprendido en algún campo profesional. Pues, en un intento por citar a los gurús de la educación: "aprendizaje que no se aplica en una realidad concreta, no produce realmente un conocimiento necesario". Así que de nada sirve conseguir una calificación excelente, si ni el estudiante, ni el docente, son capaces de asegurar que el conocimiento evaluado puede llevarse a la práctica.


¿POR QUÉ EVALUAMOS?

Por: Dr. Luis Alfonso Osorno Montes a 7 de noviembre de 2021

De entre los procesos de cualquier actividad pedagógica la evaluación del aprendizaje es la actividad que pretende valorar el proceso y los resultados del aprendizaje de los estudiantes, a fin de conseguir orientar el plan del docente y regular la enseñanza para el logro de las competencias a formar (González, 1999). De tal modo que la necesidad hace que la evaluación debe realizarse con una visión más amplia que solo estimar el valor del aprendizaje en función de los aspectos cognitivos; para alcanzar a observar aspectos involucrados con la naturaleza de los logros conseguidos, a partir de las necesidades de los estudiantes durante el proceso de enseñanza-aprendizaje guiado por el docente.

Lo anterior involucra la idea de que la evaluación debe aplicarse desde el primer contacto del docente con sus estudiantes hasta el momento en que se cierra formalmente el curso y se entrega la evaluación final. Asimismo, la concepción de una evaluación integral invita a la participación de todos los entes involucrados en proceso de enseñanza-aprendizaje. Con todas estas ideas no es posible dejar de lado la finalidad de la evaluación; es decir, si se pretende emitir un juicio del nivel de aprendizaje alcanzado por los estudiantes, o bien, si pretende contribuir a que el estudiante descubra los espacios de oportunidad que le harán mejorar.

Por lo que, de acuerdo con Casanova (1998) podemos afirmar que las actividades del proceso de evaluación pueden clasificarse de la siguiente manera:

a) Según el momento en que la efectúan: inicial, intermedia y final;

b) Según los agentes que intervienen: autoevaluación, coevaluación y heteroevaluación;

c) Según el propósito que se persigue: sumativa y formativa.

Así, como lo podemos observar, aunque lo habitual es evaluar conocimientos, la evaluación involucra una función formativa que debe ser guiada por una planificación formulada en torno a la manera en que será impartidos los contenidos referidos por el programa y los objetivos propuestos; pues esta planeación refiere las características del curso en función de la cantidad de contenidos, calidad de los procesos y niveles de conocimiento esperados. Por ello, de acuerdo con García (1994), la evaluación con un enfoque orientado a competencias debería abarcar:

• Conocimientos, comprensión, aplicación, análisis, síntesis, valoración y creación de principios, hechos y leyes.

• Competencias y habilidades, procedimientos y normas técnicas.

• Actitudes, valores y normas, personales y sociales.

La consideración de estos aspectos de la evaluación con un enfoque orientado a competencias es importante, según Crooks (1988), para conseguir con la evaluación la manifestación de algunos de los siguientes efectos en los estudiantes:

• Reconocer la habilidades o conocimientos previos que el estudiante no puede permitirse olvidar.

• Reforzar las estrategias de aprendizaje que le han funcionado y estimularlo a buscar nuevas estrategias de aprendizaje.

• Monitorear su propio progreso y a desarrollar mecanismos de autoevaluación.

• Estimular el deseo de superación.

• Influir en el desarrollo de modelos de estudio.

• Desarrollar la habilidad para retener y aplicar lo aprendido en diversos contextos.

Con lo anterior podemos apreciar que la evaluación tiene el poder de trascender el momento y contribuir al mantenimiento de la motivación del estudiante y su deseo por incursionar aún más en el campo del conocimiento y aprender a lo largo de la vida. Tal y como se espera con el enfoque orientado a competencias.

Finalmente, la reflexión global de estas ideas proporciona una concepción más completa acerca de la necesidad, tipos, alcances y fines que persigue la evaluación de una actividad de aprendizaje, con el fin de conseguir que sea relevante para el estudiante y lograr la mejora de su desempeño. De tal modo que no es posible dejarla de lado en ningún proceso y se convierte en un elemento esencial para la recuperación de evidencias que reflejen el resultado de las experiencias de aprendizaje.



REFERENCIAS

Casanova, A. (1998). La evaluación educativa. México, D. F.

Crooks, T. J. (1988). The Impact of Classroom Evaluation Practices on Students, en The Review of Educational Research, vol. 58, n.º 4, pp. 438-481.

García, L. (1994). Educación a distancia hoy. UNED.

González, M. (1999): La evaluación del aprendizaje en la enseñanza universitaria. CEPES. Universidad de La Habana.

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