En esta ocasión la Jefa de departamento tuvo a bien citar a un conferencista para que nos hiciera un "cocowash" motivador. El conferencista, cuyo nombre no recuerdo, perdón, empezó a hablar de lo importante que era repetirse a uno mismo: "hoy soy feliz". Pues decía, que de tanto repetirlo, terminaríamos por creerlo.
Podría parecer una locura. Después de todo, ¿quién puede mentirse a sí mismo? No obstante, por experiencia propia puedo afirmar que mientras te levantes y lo primero en lo que pienses sea en lo miserable que ha sido la vida contigo. Lo único que vas a tener para compartir con el mundo será esa miseria.
Como alguien dijo ese día: "la felicidad extrema no es la solución" y es muy cierto, pues nuestro equilibrio emocional también requiere permitirnos la preocupación, la angustia, la tristeza y el dolor. Empero, no podremos olvidar que somos entes volutivos, capaces de decidir y optar por lo que más nos conviene y dignifica.
De tal modo que si no me es posible controlar los eventos externos que me traen preocupación, angustia, tristeza y dolor; si me es posible controlar el tiempo que les dedico en mi interior para sentirlos y después seguir adelante. Es por eso que ser feliz es una decisión.
Ese mismo día, un compañero tuvo a bien compartir el siguiente vídeo: Yokoi Kenji- El Tigre y la mora y al verlo me pude dar cuenta que de haberlo sabido antes, menos tiempo hubiera dedicado a salir de mis momentos depresivos. A tumbos y tropezones aprendí lo que esa semana me mostró como un tesoro. Y es que siempre habrá quien deje, por accidente o con intención, piedras en el camino. Incluso habrá quienes arrojen esas piedras directo a nuestro rostro; pero, en todo caso, ¿qué beneficio trae para nosotros detenernos a lamentar eso? De nosotros depende aprender a ver esos obstáculos, esquivarlos, ignorarlos y reponernos, si es que consiguen pegarnos.
Aquella misma semana, la de aquel alumnos travieso, tuve otros alumnos que me despidieron del curso con palabras bellas y expresiones estimulantes.
En este punto es donde nuevamente valoraremos la vacuna de la mente abierta. Abierta para aceptar lo que viene, como viene. Porque lo que viene, es inevitable y lo único que podemos hacer es prepararnos con un buen estado mental para recibirlo.
Así emularemos al Gran Maestro, quien permitió ser enjuiciado y ante el daño recibido por el odio, se mantuvo en paz y concentrado en enviar a sus discípulos un mensaje claro: que Él estaba seguro de quién era. Tan seguro que no valía la pena pelear; porque sabía que quienes lo conocían, jamás creerían lo que de Él se decía y que al final, como con toda verdad, no ganaría por la encarnecida lucha.
Amigos maestros, si nos mantenemos en ese estado de paz y felicidad, nuestros estudiantes permanecerán motivados en nuestras clases, porque les habremos contagiado la responsabilidad y habremos conseguido que la clase sea interesante.
Que la tristeza sea temporal...
Que la alegría sea una decisión...
Que la paz sea permanente...
Hasta pronto.

Muy acertadas experiencia sobre todo por tan clarificante mente abierta que nos ha permitido reflexionar sobre nuestro andar y nuestras decisiones. muchas gracias por tan grata sabiduría primo.
ResponderBorrarMuy buena reflexión!
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