martes, 24 de marzo de 2026

¿CÓMO HACER POSIBLE LO IMPOSIBLE?

 

Texto publicado originalmente en la revista institucional CONEXIÓN CETI (año 2017). Actualmente no disponible en línea.

¿Cómo hacer posible lo imposible?

Por: Luis Alfonso Osorno Montes

Mucho se dice respecto a la responsabilidad de las instituciones educativas de contribuir con tecnología al desarrollo del sector productivo del país. Sin embargo, aunque los institutos de educación tecnológica y universidades han implementado diversas acciones para promover el desarrollo tecnológico y de investigación -entre cursos, programas, ferias y exposiciones-, la mayoría de las investigaciones que se realizan no dan lugar a resultados patentables, ni recursos que se usen apreciablemente en la industria nacional.

Tal realidad podría indicar que el apoyo al sector productivo no está entre las prioridades de las instituciones educativas, o bien, que el sector productivo no contribuye al financiamiento de proyectos de investigación; porque no espera que se desarrolle tecnología y prefiere comprarla en el mercado internacional. Por su parte, las empresas trasnacionales desarrollan tecnología en sus propios países y traen a México sólo la que necesitan aquí. Además, existe una marcada desvinculación entre las instituciones educativas y el sector productivo; para cualquier asunto se aparte de la formación de recursos humanos a través de la docencia.

De tal modo que, pese a los esfuerzos, parece que las instituciones educativas transmiten el conocimiento generado en otros países, en lugar de descubrir aquel que sea aplicable a las necesidades locales a corto o mediano plazo; por lo que las acciones de investigación ejecutadas no nos llevarán a una independencia tecnológica.

Ser incapaces de competir en el mercado tecnológico internacional en grave y sus consecuencias se extienden a más que comprar tecnología. Conlleva la comprar productos, fuga de talentos, incremento de precios y pérdida del poder adquisitivo de los salarios. En otras palabras, abre la puerta a la generación de empleos, pero sacrificando la soberanía.

El problema está en la visión, pues las corporaciones invierten en el desarrollo tecnológico que incrementará la competitividad de sus productos. Mientras que será tarea del gobierno, a través de sus institutos de investigación y universidades, obtener productos y servicios que ayuden a resolver los problemas de desempleo, pobreza, alto costo de la energía, salud y contaminación.

Las instituciones educativas deben, ciertamente, promover la transferencia de conocimientos, habilidades y capacidades; pero, además, el deseo por descubrir tecnología e innovaciones. Les conviene retirar de su comunidad académica la idea de que la investigación es un proceso sufrido, mediante el cual, tras una serie de descalabros y decepciones, se llega a tener éxito en un invento extraño que no soluciona más que necesidades superfluas. Así podrán enfocarse las acciones orientadas al desarrollo experimental y creativo; formando así, auténticos investigadores.

La meta radica en cambiar la perspectiva de ofrecer a las industrias recursos humanos capaces de operar los recursos tecnológicos; para ofrecer recursos humanos que además sean capaces de crear infraestructura y tecnologías que, además de resolver necesidades sociales, puedan comercializarse internacionalmente.

Si la educación apuesta por la formación de personas cultas, ávidas de conocimiento, necesitadas de hacer, con un alto grado de curiosidad y la disciplina que les permita completarse extra aulas, será posible recuperar la esperanza. De modo que, en estos momentos de incertidumbre, respecto a lo que acontece al sistema educativo y a la nación mexicana, tenemos la posibilidad de analizar con objetividad las alternativas existentes para dejar satisfechas exigencias económicas, políticas y sociales.

La apuesta por la educación debe iniciarse en las familias, en sacar de su círculo de confort a aquellos padres que se muestran indiferentes del plan de ciudadanos que la nación ha propuesto para sus hijos y procurando que la información que se ofrece en las escuelas, se convierta en formación en el interior de sus hogares. En consecución, el magisterio debe prepararse, en torno a conocimientos, procedimientos y valores, para convertirse en auténticos facilitadores de elementos de vida. Luego, si unimos los esfuerzos a las responsabilidades de encontrar nuevos caminos de desarrollo y brindar oportunidad a las nuevas ideas y a las mentes jóvenes, será posible apreciar la mejora de las condiciones de vida de la sociedad.

Lo anterior, sin distinción de instituciones del sector público o privado, lleva a la obligación de ampliar los criterios, por parte del personal académico encargado de seleccionar y promover las líneas de investigación, para apoyar los proyectos más desafiantes, los más revolucionarios; aquellos que desafían los paradigmas y aportan a la solución de problemas de forma sencilla, económica y eficaz; aquellos que son capaces de hacer posible lo imposible y ayudarnos a recuperar la esperanza.

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