martes, 24 de marzo de 2026

¿POR QUÉ DEBEMOS ADOPTAR LA CULTURA DE LA INVESTIGACIÓN?

 

Texto publicado originalmente en la revista institucional CONEXIÓN CETI (año 2016). Actualmente no disponible en línea.

¿Por qué debemos adoptar la cultura de la investigación?

Por: Luis Alfonso Osorno Montes

Actualmente vivimos en un mundo saturado de tecnología. En el que es tan cotidiano encender el televisor y buscar un canal de nuestra preferencia. Con frecuencia sujetamos un Smartphone para acceder a internet, realizar una llamada telefónica, ingresar a redes sociales o simplemente pasar un rato ameno inmersos en el mundo de los juegos de video. De hecho, el mundo contemporáneo ha adoptado a tal punto estas tecnologías que pareciera que la capacidad y posibilidades del equipo constituyeran un factor importante para el prestigio de las personas. Al caminar por la calle observamos personas observando pantallas. Y ya sea hablando o riendo “solos” ante un aparato, nuestra necesidad de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) es tan grande que nos resulta impensable vivir sin éstas herramientas.

Has de saber, sin ánimo de involucrarnos demasiado con el debate antropológico, que este fenómeno ha ocurrido cada ocasión que el hombre descubre algo que cambia la forma de vivir en el mundo. En el mundo antiguo a los cazadores y guerreros discutían acerca de la mejor manera de construir un arco y las características de una buena flecha. Además, pasaban horas entrenando pretendiendo dominar el tiro. Era, en aquel contexto, una experiencia similar a la de las familias, que en los años 60’s, sentían una especial satisfacción al poseer un televisor para acomodarse alrededor el mismo en las salas de sus casas.

Antaño en los restaurantes las personas conversaban mirándose a los ojos y disfrutando de pasar un momento agradable juntos. Hoy en día se encuentran cabizbajos, en posición reflexiva y en medio de un silencio casi sepulcral, que sólo es interrumpido por una alegre melodía que indica que la atención de esas personas rebasa a sus acompañantes y se traslada kilómetros de distancia a donde se encuentran otros, igual de abstraídos, con quien “chatean”.

Pero en esta ocasión la diferencia se encuentra en el amplio abanico de posibilidades que abren las TICs. Pues se distinguen, especialmente, por poner cualquier información a nuestro alcance en cuestión de segundos. De tal manera que, hoy por hoy, tenemos más posibilidades de aprender y comunicarnos de las que millones de personas, a través de la historia de la humanidad, ni siquiera imaginaron. De ahí que parezca un tanto triste que, con tantas posibilidades de conocimiento, el mejor empleo que podamos encontrar para un Smartphone, una Tablet o una Laptop sea el mero entretenimiento, la satisfacción del morbo o la resolución de dudas fugaces.

Pareciera que el “homo-ludens” que habita en nosotros, como le llamó Huizinga, J. (1938), no nos permitiera progresar intelectualmente, que no fuéramos capaces de encontrar el justo medio entre nuestras necesidades, que somos incapaces de apreciar en el conocimiento una necesidad o que el constante contacto con las gracias del mundo tecnológico que hemos construido nos hace inmunes ante la curiosidad.

Con esto se condena el empleo lúdico de las TICs. Sino que se hace un atento exhorto a emplearlas, además, para fines de provecho intelectual. El conocimiento abre las puertas de la curiosidad y estas, a su vez, las puertas de la inventiva. Lo único que se requiere es acostumbrar nuestra mente a reflexionar, a cuestionar y a indagar con disciplina.

Por lo general se asocia a la investigación con el descubrimiento o invención de nuevas cosas. Y aunque esto es cierto. No es lo único a lo que se le puede asociar. Investigar proporciona elementos educativos para que las personas educables puedan operar cambios en su forma de enfrentar los problemas que se les presentan. Pues enfrentarse a un problema, sin conocimiento conlleva estrés e incertidumbre.

El deseo por investigar se cultiva en casa. Pues el deseo por investigar deriva del deseo de aprender. Una persona que investiga es una persona preparada para progresar, para observar las deficiencias en su entorno y, metódicamente, operar para mejorar su situación. Por tanto, en una familia, una población o una nación, en las que sea propicio el ambiente para el desarrollo de estas competencias, se apreciarán con frecuencia cambios significativos es el estilo de vida.

Por tanto, nos urge en México cambiar el paradigma de que el investigador es un hombre de bata blanca metido entre un montón de botellas de vidrió albergadas en un laboratorio. El investigador es un hombre curioso; que ha aprendido a manejar su curiosidad con disciplina (para mantenerse en el camino del conocimiento), astucia (para encontrar nuevas alternativas) y creatividad (para proponer nuevas ideas). En sí, el investigador es aquel que sabe hacer “mexicanadas” con conocimiento y la intención de operar cambios positivos en su entorno. Es aquel que ama la tecnología, no sólo porque le proporciona confort y entretenimiento; sino porque le brinda la oportunidad se soñar y, en su oportunidad, actuar para generar nueva tecnología. Lo que es impensable e inimaginable, para todos aquellos que sólo vemos la vida pasar.

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