Texto publicado originalmente en la revista institucional CONEXIÓN CETI (año 2016). Actualmente no disponible en línea.
¿Te
has preguntado cómo aprendemos?
Por: Luis
Alfonso Osorno Montes
El problema del aprendizaje ha sido estudiado por una inmensa
diversidad de filósofos desde la Edad Antigua. Pero tranquilo, no haremos un
listado tendido de filósofos y sus teorías del conocimiento.
Por lo pronto, a manera de cultura
general, debes saber que la epistemología es la teoría del conocimiento y sostiene
entre sus argumentos que el ser humano puede aprender a partir de la
experiencia, aunque no sea esta la única fuente de su conocimiento. Considerar
esta posibilidad permite imaginar que la mente de cualquier individuo alguna
vez estuvo totalmente limpia de todo conocimiento y que la conciencia de sí
mismo la fue adquiriendo conforme fue asimilando conocimientos. Es decir, el
autoconocimiento no surge de forma espontánea, sino que se va moldeando de
acuerdo al modo en que el individuo aprende a apreciar el mundo que le rodea.
Por tanto, el estado de conciencia de un individuo se concentra en su capacidad
para entenderse en medio de su realidad. O sea que no basta con la experiencia,
sino con la posibilidad que posee el individuo para racionalizar lo que le
ocurre en su interacción con el mundo que le rodea. Aunque también influya
fuertemente la manera en que su autoridad o sus costumbres le han enseñado a
hacerlo.
A este proceso que realiza el sujeto para
entenderse en medio de su realidad se le llama razonamiento. Es una capacidad
-al parecer- exclusiva del ser humano; que le permite descubrirse como miembro
de una sociedad. El descubrimiento social emana de la experiencia de encontrarse ante un fenómeno
social. Un fenómeno que se produce a partir de la relación entre las
sensaciones que producen la realidad y la reflexión que hacen los sujetos
involucrados. Lo que implica que la observación no sea el principal recurso
para la recuperación concienzuda de la realidad del sujeto. Se requiere además
de acciones intencionadas. Acciones que reflejen la forma en que el sujeto se
forma una idea del mundo que le rodea y la manera en que, metódicamente, las
somete a prueba.
La búsqueda del conocimiento real se dirige
hacia la destrucción de mitos. Aunque un mito sea una manera de aproximarse a
la realidad por medio de una organización de símbolos e imágenes que conviven
en el espacio humano. La subjetividad con la que un individuo o una sociedad
aceptan un mito hace difícil dilucidar la verdad de los hechos; sin embargo,
antes de la llegada del conocimiento verdadero, permite aceptar la realidad.
Con esto se entiende que la subjetividad estará siempre presente y que, gracias
a ella, se satisface la inquietud momentánea del conocimiento y se plantean
nuevas dudas que llevarán al sujeto a iniciar nuevos procesos de búsqueda, para
conseguir conocimientos más profundos y apegados a la verdad.
El
conocimiento surge del descubrimiento. Entendiendo por descubrimiento el
momento en que un elemento de la realidad contrasta por primera ocasión en un
sujeto. O sea que todos hemos descubierto cosas que otras personas ya han
descubierto anteriormente. Esto comúnmente ocurre por accidente, pero por lo
general le llamamos experiencia.
Por
todo esto es apremiante que en las escuelas, alumnos y maestros, se preocupen
por realizar acciones que deriven en nuevos descubrimientos. Pero no en el
descubrimiento cotidiano que ocurre por accidente, como el que acontece a quien
experimenta en carne propia que el fuego quema. Sino el descubrimiento que
ocurre tras la satisfacción de las intenciones de actos premeditados. Dichos
actos premeditados consisten en una sistematización de ideas, procesos y
actividades que se asientan como un método. Un método que puede ser comprendido
y aplicado por todos para conseguir conocimientos nuevos.
En las aulas de clase deben propiciarse
momentos para conseguir una amplia observación como parte de su método para
conocer, obtener mejores resultados y conseguir las evidencias para necesarias
para destruir mitos en los estudiantes; es decir, para evidenciar la falsedad
de conocimientos. De tal manera que, sin necesidad de recurrir a la repetición
dogmática, el conocimiento anterior se acomode a los nuevos descubrimientos y
así conformar una nueva explicación de la realidad; que no descarta por
completo la anterior, sino que la emplea para ser más adecuada y pertinente.
Otros factores importantes en el proceso
son la curiosidad y la motivación. Por eso dice el dicho que no hay peor ciego,
que aquel que no quiere ver. De modo que no queda más que preguntarnos: ahora
que ya sabemos cómo aprendemos, ¿estamos dispuestos a aceptar nuestro papel en
el proceso de aprendizaje?

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